martes, 2 de diciembre de 2014

Cambio: parte I. El cambio como lo unico constante

- Al fin y al cabo, somos lo que hacemos para cambiar lo que somos. –
Eduardo Galeano

He elegido la palabra cambio. Por muchos motivos, el principal es, porque si tuviera que elegir una única palabra para definir lo que ha sido mi vida los últimos años, sería sin duda ésta. La mía y la de muchísima gente. Es un concepto muy presente en mi mente y en mis comportamientos.

Pero empecemos por el principio...
El cambio es lo único que siempre, en cualquier lugar y en cualquier intervalo de tiempo, podremos encontrar como constante. Algo que hace click en tu cabeza, algo que percibes y antes nunca habías hecho, algo que ya no es exactamente como era y todo nuestro mundo gira. Y esto nos sucede a diario.
Negarse a ver los cambios, o intentar permanecer inmutable sólo conlleva frustración. Por muy bueno  –y por suerte, también por muy malo- que algo sea esta destinado a cambiar.
Entonces, ¿no seria lógico adaptarse a los cambios, en lugar de a las situaciones? Parece que la respuesta obvia es si. Si estamos preparados para el cambio y conscientes de que sucederá, deberíamos ser capaces de navegar por los acontecimientos sin perder la perspectiva.
La realidad es que no es así. Lo hacemos mal en las dos situaciones extremas. Ante situaciones buenas nos apegamos, nos negamos a aceptar estos cambios cuando suceden y rememoramos el pasado una y otra vez, lamentándonos. Antes situaciones malas, pensamos que sera así para siempre, que siempre ha sido así, y que no podemos hacer nada. Parece como si nuestro cerebro conspirara contra nosotros en este aspecto. Podrían barajarse muchos motivos para esto. Desde mi punto de vista es una consecuencia de nuestro propio existencialismo, de saber que nuestro tiempo es limitado.
Tener presente el cambio es un cambio en sí mismo. El primer paso esencial en el camino que emprendí hace unos años.
 Después de todo, para controlar y modificar una situación, lo primero es ser consciente de la misma. Y, sin embargo, incluso ahora, me cuesta recordar, a veces, el principio de todo: Que nada permanece. Por supuesto, estas ideas no son nada novedosas. Heráclito ya enunciaba que el fundamento de todo está en el cambio incesante. El ente deviene y todo se transforma en un proceso de continuo nacimiento y destrucción al que nada escapa.
Mucho se ha teorizado sobre este tema, pero ese no sera mi objetivo aquí. Intentare enunciar de una forma práctica como este paradigma del cambio, como no podría ser de otra manera, cambió mi vida. Y como a día de hoy sigue haciéndolo. Cada día y cada hora.

No hay comentarios:

Publicar un comentario