jueves, 18 de diciembre de 2014

Dónde carajo estás?

Cada vez se me hace más cuesta arriba lo de buscar el amor. Sí, eso con lo que la gente parece disfrutar, y eso que algunos afortunados encuentran a la primera y permanecen con su pareja años y años... a mí me dura un suspiro.

Lo he intentado muchas veces. Sale mal y en lugar de hundirme, vuelvo y vuelvo a intentarlo. Pero sigue sin funcionar. Sigo sin encontrar a alguien que realmente cuadre conmigo, a alguien con quien caminar a la par.

Algunos dicen que es porque no me fijo en los chicos adecuados. Pues no sé. Quizás alguno no fue adecuado pero ¿todos? En alguno que sea adecuado me he tenido que fijar... Pero nada.

Entonces miro a ver si el fallo es interno mío y me dedico a indagar si tengo algún punto débil, si esto debo cambiarlo, si lo otro... hasta que llegó un día que pensé: "me voy a volver tan perfecta que va a ser imposible cuadrar con alguien". Y dejé de intentar mejorarme. Para qué? Hay gente que vive lo mejor que sabe o puede y encuentra el amor con sus imperfecciones. Da igual el grado de imperfección que se tenga. Por qué yo he de pulirme año tras años para alcanzar +10 en perfección?

Entonces pienso que es cuestión de azar. Aumentemos las probabilidades. Si me quedo en casa, la probabilidad es cero de que alguien llame a mi puerta. Podría pasar pero tomando como muestra un fin de semana de los que me he quedado en casa, no ha llamado nadie. Extrapolando... un mes que quedara en mi casa llamaría  a mi puerta... cero personas.

Entonces salgamos de fiesta. Salgamos a todas las fiestas. Salgamos a todos los sitios. Sí, conocer conozco. Citas tengo. Chorboagenda. Y empiezo historias. Pero historias que acaban.

Y yo lo que quiero es sólo una. Una historia. Una pero que funcione. Una que me haga recobrar la ilusión y me mantenga ilusionada. No quiero una historia que desde el principio sea una cuesta arriba. Que si no me escribe, que si no me ha dicho de quedar, que si no me llama, que si ahora no sabe, que si... Una temporada agusto. Una temporada tocando las nubes. Una historia que empiece bien y que luego continúe en el tiempo.

Tan difícil es? Soy inteligente, con conversación, limpia e incluso a veces puntual. Pero no sé qué pasa que siento que estoy desaprovechada en todas mis cualidades. Es que no va a haber nadie que me aprecie como pareja? Es que no va a haber nadie que desee que yo esté a su lado y le haga más feliz la vida? A la vez lo mínimo que pido es que me haga feliz la mía o al menos que no me la complique. No es mucho pedir que a la par que se da felicidad se espere recibirla. Porque tan malo es ser mujer florero como mujer abanico. Que cansa lo de perseguir con el paipai...

Le he puesto velas a San Antonio, he ido a todas las fiestas, he usado internet para ligues, .... dónde puñetas estás que no doy contigo?


domingo, 7 de diciembre de 2014

Navidad

Navidad, San Valentín, cumpleaños,...

Vivimos pendientes del calendario. Es el calendario el que nos marca el sentimiento que nos embarga en cada momento.

Ahora navidad. Ahora moñería, Ahora a acordarse de todos, a recordar la palabra "paz", a acordarse de la familia, a vivir ese periodo moña del calendario. Escapar. Sólo me apetece escapar.

Por qué al llegar diciembre toca el sentimiento moñas? No tenemos bastante con que haga frío, no haya luz, que aún tenemos que sentir melancolía y recuerdos? Cómo nos gusta hurgar.

Y si a mí no me apetece regalar nada o acordarme de nadie porque me apetece intentar superar el sentimiento depresivo que me supone estar sin sol?

Pero cuando pase la navidad, vendrá febrero con su San Valentín y entonces recordaré que estoy single. Y me restregarán todos mis amigos emparejados sus bonitas historias de amor en facebook. Y quizás mis compañeros de trabajo me vuelvan a regalar una rosa porque como soy la single de la oficina intuyen que voy a estar fastidiada sin regalo y sin mensaje en este día tan especial para el que pone las fiestas en el calendario.

Y luego llegará el día de mi cumple. Y todos me felicitarán porque toca felicitarse. Por qué? Qué hay de bueno en que todo el mundo te recuerde la edad que tienes? En qué se diferencia un día de otro? Cada día sumamos un día a nuestra vida y no por eso nos felicitamos diariamente. Por qué nos tenemos que felicitar al año?

No sé a quién le debemos el gusto del calendario pero ya lo podía haber dejado lleno de fiestas y sin nombre. "Hoy es fiesta" "Por qué? Qué se celebra?" "Nada pero es fiesta. Celebra lo que quieras". Y todos tan felices.

Buena suerte, mala suerte

Había una vez un hombre que vivía con su hijo en una casita del campo. Se dedicaba a trabajar la tierra y tenía un caballo para la labranza y para cargar los productos de la cosecha, era su bien más preciado. 

Un día el caballo se escapó saltando por encima de las bardas que hacían de cuadra.
El vecino que se percató de este hecho corrió a la casa del hombre para avisarle:
-Tu caballo se escapó, ¿que harás ahora para trabajar el campo sin él? Se te avecina un invierno muy duro, ¡qué mala suerte has tenido!
El hombre lo miró y le dijo:
-Buena suerte, mala suerte, ¿quien sabe?

Pasó algún tiempo y el caballo volvió a su redil con diez caballos salvajes más. El vecino al observar esto, otra vez llamó al hombre y le dijo:
-No solo recuperaste tu caballo, sino que ahora tienes diez caballos más, podrás vender y criar, ¡qué buena suerte has tenido!
El hombre lo miró y le dijo:
-Buena suerte, mala suerte, ¿quien sabe?

Unos días más tarde el hijo montaba uno de los caballos salvajes para domarlo y calló al suelo partiéndose una pierna. Otra vez el vecino fue a decirle:
-¡Qué mala suerte has tenido!, tras el accidente tu hijo no podrá ayudarte, tu eres ya viejo y sin su ayuda tendrás muchos problemas para realizar todos los trabajos.
El hombre, otra vez lo miró y dijo:
-Buena suerte, mala suerte, ¿quien sabe?

Pasó el tiempo y estalló la guerra con el país vecino de manera que el ejército empezó a reclutar jóvenes para llevarlos al campo de batalla. Al hijo del vecino se lo llevaron por estar sano y al accidentado se le declaró no apto. Nuevamente el vecino corrió diciendo:
-Se llevaron a mi hijo por estar sano y al tuyo lo rechazaron por su pierna rota. ¡Qué buena suerte has tenido!
Otra vez el hombre lo miró diciendo:
-Buena suerte, mala suerte, ¿quien sabe?

Las cosas pasan y gracias a las cosas que pasan, pasan otras. En mi vida hubo un momento en el que viví una ruptura amorosa dolorosa a la vez que una situación laboral no agradable.

Para mí el que mi relación no saliera adelante y mi frustración laboral me llevaba a verlo todo como un mal periodo en mi vida. Todo lo veía negro y no veía que de ahí pudiera salir. Pero me puse en marcha. Tenía que haber una solución. No podía seguir estancada en una situación en la que mi único movimiento era estar apenada por mi persona.

Empecé un cambio. Empecé a cambiar las cosas que no me gustaban de mí. Empecé a centrarme en lo pequeño. Lo que tenía cerca. Quería sentirme a gusto conmigo misma.

Después me centré en cómo cambiar mi situación laboral. Y opté por cambiar de país y probar suerte fuera.

 Y ahora miro atrás y veo que esos años que pasé fuera, fruto de un intento de arreglar mi mala suerte, han sido de los mejores de mi vida. Gracias a esa mala suerte en el amor y en el trabajo, conseguí algo que disfruté intensamente y que de otra forma no habría conseguido.

Sí, si hubiera salido bien esa relación y el trabajo hubiera ido genial, seguro que hubiera sido muy feliz de todos modos. O no. He aprendido cosas que sólo podría haber aprendido de la forma en la que lo he hecho.

Y de nuevo otro golpe de mala suerte en el amor y en el trabajo. Nueva bofetada y un nuevo abrir los ojos para intentar superar el mazazo. Y ahora mismo he conseguido gracias a ese golpe, el trabajo de mis sueños.

No he vuelto a creer en la mala suerte ni en la buena suerte. Creo en la cadena de sucesos. Las cosas pasan y a las cosas que pasan las suceden otras. Y el tiempo da el significado a lo que pasa.

viernes, 5 de diciembre de 2014

Viaje en el tiempo

Para cuándo el viaje en el tiempo? 

Qué fácil es desplazarse y estar físicamente en cualquier sitio. Sin embargo hay veces que aunque vayas a un sitio, lo que realmente quieres ver es ese sitio en tus recuerdos. Cuando después de haber vivido en una zona vuelves a ella, esperando encontrar lo que entonces tenías, te das cuenta de que lo material siempre está ahí pero lo que realmente importa, lo que realmente da sentido a lo material son las vivencias. Y esas vivencias están ligadas a la variable tiempo. 

Lo que daría por poder viajar en el tiempo y desplazarme no sólo a un lugar si no a ese momento en el que en ese lugar pasaban determinadas cosas. Lo que daría por poder viajar en el tiempo y parar el reloj justo en esos momentos felices que ahora se tornan nostalgia y volver a disfrutar de esos momentos un poco más.

Sí, la vida sigue y en todos sitios surgen vivencias. Pero me niego a que sólo se pueda viajar en el espacio. Un paisaje no es el mismo paisaje dependiendo en qué momento se disfrute de él.

Maldito reloj. No sólo separa la distancia. El tiempo es más tajante.

martes, 2 de diciembre de 2014

Y

Primeras entradas para un nuevo blog. Cuatro amigos que se juntan arrancando un blog que lleva por título cuatro palabras, cada una elegida por cada uno de ellos.

Un blog que no sabemos a dónde irá pero que comenzamos con ilusión. Una idea libre que irá tomando forma a medida que sus entradas se vayan multiplicando.


Mi palabra elegida para formar parte de este título es "Y".

Por qué? Una palabra simple. Una única letra. Pero importante como la que más.

En teatro de improvisación aprendí que hay que trabajar para el grupo. Y siempre añadir.

"Y" une. "Y" es añadir. Es trabajar por el grupo. En una sociedad a veces tan individualista y buscando el bien propio, a veces se nos olvida lo que es trabajar para el otro.

En improvisación hay un ejercicio que consiste en contar una historia entre varias personas. Todos prefieren añadir el verbo de la frase, o un sustantivo, o un adjetivo. Lo que pensamos que es más importante en la historia, lo que orienta la historia y la hace tener sentido y gustar.

Sin embargo hay veces que lo que hay que decir es un artículo, o un "y". Parece poco, y parece que nuestra aportación no va a ser tan jugosa como otra palabra con mayor poder en la oración. Sin embargo todas cuentan, todas tienen su peso, todas construyen la oración. Y esa "y" hace que la historia tenga sentido al igual que el resto.

La "y" une palabras, une conceptos, une ideas. Acerca cosas distintas. Esa "y" cuenta y mucho.

Todos formamos parte de la historia, del planeta, de la vida. Todos con nuestro granito de arena hacemos que todo funcione o todo se vaya al garete.


Cambio: parte I. El cambio como lo unico constante

- Al fin y al cabo, somos lo que hacemos para cambiar lo que somos. –
Eduardo Galeano

He elegido la palabra cambio. Por muchos motivos, el principal es, porque si tuviera que elegir una única palabra para definir lo que ha sido mi vida los últimos años, sería sin duda ésta. La mía y la de muchísima gente. Es un concepto muy presente en mi mente y en mis comportamientos.

Pero empecemos por el principio...
El cambio es lo único que siempre, en cualquier lugar y en cualquier intervalo de tiempo, podremos encontrar como constante. Algo que hace click en tu cabeza, algo que percibes y antes nunca habías hecho, algo que ya no es exactamente como era y todo nuestro mundo gira. Y esto nos sucede a diario.
Negarse a ver los cambios, o intentar permanecer inmutable sólo conlleva frustración. Por muy bueno  –y por suerte, también por muy malo- que algo sea esta destinado a cambiar.
Entonces, ¿no seria lógico adaptarse a los cambios, en lugar de a las situaciones? Parece que la respuesta obvia es si. Si estamos preparados para el cambio y conscientes de que sucederá, deberíamos ser capaces de navegar por los acontecimientos sin perder la perspectiva.
La realidad es que no es así. Lo hacemos mal en las dos situaciones extremas. Ante situaciones buenas nos apegamos, nos negamos a aceptar estos cambios cuando suceden y rememoramos el pasado una y otra vez, lamentándonos. Antes situaciones malas, pensamos que sera así para siempre, que siempre ha sido así, y que no podemos hacer nada. Parece como si nuestro cerebro conspirara contra nosotros en este aspecto. Podrían barajarse muchos motivos para esto. Desde mi punto de vista es una consecuencia de nuestro propio existencialismo, de saber que nuestro tiempo es limitado.
Tener presente el cambio es un cambio en sí mismo. El primer paso esencial en el camino que emprendí hace unos años.
 Después de todo, para controlar y modificar una situación, lo primero es ser consciente de la misma. Y, sin embargo, incluso ahora, me cuesta recordar, a veces, el principio de todo: Que nada permanece. Por supuesto, estas ideas no son nada novedosas. Heráclito ya enunciaba que el fundamento de todo está en el cambio incesante. El ente deviene y todo se transforma en un proceso de continuo nacimiento y destrucción al que nada escapa.
Mucho se ha teorizado sobre este tema, pero ese no sera mi objetivo aquí. Intentare enunciar de una forma práctica como este paradigma del cambio, como no podría ser de otra manera, cambió mi vida. Y como a día de hoy sigue haciéndolo. Cada día y cada hora.